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🎙️ PREGÓN DE LA FERIA Y FIESTAS DE PEGALAJAR 2026

11/08/2026

🎙️ PREGÓN DE LA FERIA Y FIESTAS DE PEGALAJAR 2026



Os dejamos el Pregón de la Feria y Fiestas de Pegalajar 2026, pronunciado por nuestro pregonero, Gonzalo Aranda Jiménez, catedrático de Prehistoria y doctor cum laude por la Universidad de Granada.



Un pregón lleno de recuerdos, historia, identidad y emoción, en el que Gonzalo Aranda hace un recorrido por nuestras raíces, nuestras tradiciones y todo aquello que nos hace sentir orgullosos de ser pegalajeños y pegalajeñas.



PREGÓN



Buenos días, pegalajeños, pegalajeñas; paisanos, paisanas.



Quiero que mis primeras palabras sean de agradecimiento al Ayuntamiento de Pegalajar, en la persona de su alcalde, Manuel Carrascosa Torres, por invitarme a ser el pregonero de la Feria y Fiestas de Pegalajar 2026.



No hay mayor honor para un pegalajeño que ser distinguido como pregonero de los días más importantes de nuestro pueblo. Días de alegría, días de encuentro con familiares y amigos, de recuerdos del pasado y de deseos de bienestar y prosperidad para todos.



Un reconocimiento que asumo con humildad, pero también con el orgullo y la emoción de saber que es aquí donde están mis raíces.



Recuerdo durante los años de mi infancia y juventud, en los ya lejanos años 80, la emoción de los días previos a las fiestas, de los preparativos y las expectativas de diversión que depositábamos en esos días.



Recuerdo una frase de aquellos años de mi infancia: «¡Ya están aquí los cacharicos!», gritábamos los niños. «¡Ya están aquí los cacharicos!». Era el inicio de la feria, la llegada de camiones cargados de atracciones que se dirigían a la explanada y que anunciaban los intensos días que íbamos a vivir.



Los días de feria eran un sinvivir de actividades que no había que perderse: la vaquilla del aguardiente, el pasacalles de gigantes y cabezudos, los toros, la procesión de la Virgen de las Nieves…



Recuerdo el gentío de las noches de feria, los olores, las luces y la música que lo inundaba todo, las verbenas, el Festival de Cante Flamenco. Recuerdo a nuestras madres advirtiéndonos: «Niño, ten mucho cuidao», «A ver dónde te metes».



Recuerdo que la feria era el momento en el que vestíamos nuestras mejores ropas y en el que estrenábamos los pantalones, la camisa o los zapatos que nos habían comprado.



Recuerdo que la feria era el momento del año en que nuestros padres, abuelos y familiares nos daban unos dinerillos para que los gastáramos en la feria y que nosotros administrábamos con nerviosismo porque no sabíamos en qué gastarlos ante la multitud de posibilidades que ofrecía. Elegir era un gran problema.



La feria son los días más esperados y más importantes de nuestro pueblo, de los que todos guardamos vivencias y recuerdos inolvidables.



Pero la feria es mucho más que la alegría de los días de fiesta.



La feria es el momento del reencuentro con aquellos que se fueron, con aquellos que nos fuimos y volvemos para encontrarnos con nuestras familias, amigos y vecinos para compartir unos días de recuerdo, alegría y convivencia.



Pegalajar es un pueblo, es una tierra de emigrantes. ¿Quién no tiene familiares, amigos o vecinos que un día abandonaron nuestro pueblo para buscar la oportunidad de una mejor vida, para construir un proyecto de futuro que aquí se les negaba?



Como pueblo de emigrantes que somos, no podemos olvidar nuestro pasado. No podemos asumir los discursos de odio que proliferan en nuestra sociedad: odio al que es diferente, al que no piensa como nosotros, al que simplemente busca una oportunidad en esta vida.



Somos un pueblo acogedor. Necesitamos la empatía y la solidaridad con el otro, con el distinto, con los más necesitados. Estos deben seguir siendo los fundamentos de nuestra convivencia. Esta debe ser nuestra verdadera prioridad nacional.



En estos días de reencuentro con los que se fueron, con los que emigraron, más que nunca reafirmemos nuestro compromiso con una sociedad abierta e igualitaria.



No hay extraños aquí, solo amigos que aún no has conocido.



La feria no solo son días de alegría y de reencuentro con los que se fueron, sino también de afirmación de nuestra identidad como pueblo.



Somos los que somos gracias a nuestro pasado, gracias a nuestra historia.



¿Cuáles son nuestras principales señas de identidad y cómo se han construido a lo largo del tiempo?



Pegalajar formó parte de un amplio territorio ocupado por poblaciones prehistóricas que habitaron hace 5.000 años las cuevas de la serranía de Mágina, cuevas como las de los Majuelos y de Aro, y que además decidieron dotar de un especial significado a elementos del paisaje como la Serrezuela de Pegalajar, en donde estas poblaciones crearon escenas con representaciones esquemáticas pintadas de personas, animales y otros símbolos de difícil interpretación.



La Serrezuela de Pegalajar se convirtió, de esta forma, en un referente simbólico de las primeras poblaciones que habitaron nuestro suelo. Un hito paisajístico fundamental en nuestra identidad, como lo es la Serrezuela y como lo es la Peña de los Buitres, ya lo fue hace 5.000 años.



Posteriormente, ya en época romana, las principales evidencias arqueológicas que conocemos sitúan a Pegalajar como una de las principales vías de comunicación entre el valle del Guadalquivir y el sureste y Levante peninsular.



Por La Cerradura pasaba una importante calzada romana construida por el emperador Augusto a finales del siglo I a. C., calzada que unía dos de las más importantes ciudades de la Hispania romana: Cástulo y Carthago Nova, las actuales Linares y Cartagena.



La localización de Pegalajar en una importante vía de comunicación va a ser clave en el origen de nuestro pueblo. El carácter de tránsito y de lugar de paso ha marcado, ya desde época romana, nuestra historia.



Las primeras evidencias del actual núcleo urbano de Pegalajar son de época islámica, del siglo X, cuando un pequeño asentamiento se localiza en el entorno del espolón rocoso de la Peñuela, que fue fortificado para una mejor defensa de su población y cuyas torres y murallas son aún hoy día visibles.



En el origen de nuestro pueblo podemos encontrar dos de nuestras principales señas de identidad: el agua y los cultivos de huerta y olivar.



La Fuente de la Reja y, posiblemente, una primitiva balsa, origen de nuestra Charca, fueron determinantes para una población que, mediante un complejo sistema de aterrazamientos, bancales y acequias, creó un espacio de vida único que ha sobrevivido durante siglos hasta la actualidad y que nos define como pueblo.



El conjunto formado por la Fuente, la Charca y la Huerta constituye una de nuestras principales señas de identidad y un ejemplo excepcional de ingeniería hidráulica y de paisaje agrario.



En el año 1244, Fernando III conquistó Pegalajar, convirtiéndose a partir de entonces en línea de frontera entre el Reino de Castilla y el Reino Nazarí de Granada, lo que va a marcar nuestra historia durante los próximos siglos.



Tras la caída del Reino Nazarí en 1492, Pegalajar pierde la función militar de los siglos anteriores. Poco tiempo después consiguió su independencia jurídica de la ciudad de Jaén, el 3 de junio de 1559.



En la Carta de Privilegio Real de Pegalajar se reconoce a nuestro municipio, desde entonces, con el rango y título de villa.



No obstante, la independencia jurídica no fue gratis. A cambio de este reconocimiento, el pueblo de Pegalajar pagó a la Corona de Castilla una suma de 2.550.000 maravedíes, lo que equivale actualmente a aproximadamente 255.000 euros.



Con la independencia como villa, Pegalajar inicia una nueva etapa histórica en la que la religión católica va a marcar nuevos hitos en la identidad de nuestro pueblo y en su acervo patrimonial.



Este es el caso de la construcción de la actual iglesia de la Santa Cruz, a finales del siglo XVI, o de la ermita de Santa María, que desde el siglo XVII queda bajo la advocación de la Virgen de las Nieves, y en donde encontramos otra de nuestras principales señas de identidad: la devoción por la Virgen de las Nieves, que desde entonces es la patrona de Pegalajar y en cuyo honor se celebra nuestra feria y fiestas.



En épocas más recientes, diferentes acontecimientos han marcado nuestra identidad.



La migración de los años 50, 60 y 70, motivada por una profunda crisis agraria, es probablemente uno de los más relevantes.



Miles de pegalajeños y pegalajeñas abandonaron nuestro pueblo para dirigirse a los pujantes centros industriales de España —principalmente Barcelona y Madrid— o a países europeos como Alemania, Francia o Suiza.



En poco más de 20 años, Pegalajar perdió el 40 % de su población, una sangría poblacional que ha tenido importantes consecuencias en la estructura económica y social más reciente de nuestro pueblo: envejecimiento demográfico, desplome de la natalidad, mecanización de la agricultura, fin de las viviendas-cueva y, quizás, la consecuencia más dolorosa: el desarraigo de los que se fueron.



Otros acontecimientos menos traumáticos también están contribuyendo a la creación de nuevas señas de identidad.



Quiero destacar el Festival de Cante Flamenco de Pegalajar, que este año celebra su 58.ª edición, una de las citas flamencas más veteranas y prestigiosas de España, que se celebra anualmente desde 1969 y por la que han pasado las grandes figuras del cante, el toque y el baile.



También quiero destacar la relevancia que están adquiriendo deportes de montaña como el parapente, que desde los años 90 ha situado a Pegalajar como referente internacional, donde se celebran pruebas de la Copa del Mundo y campeonatos de España.



El parapente se ha convertido en un escaparate excepcional de la enorme riqueza de nuestro patrimonio natural, donde de nuevo la Serrezuela, junto al paraje de las Siete Pilillas, aparecen como hitos paisajísticos únicos, donde el paisaje de alta montaña y vegetación mediterránea contrasta con el mar de olivos de la campiña jienense.



Nuestra identidad como pueblo se ancla en una tradición histórica construida desde época prehistórica a partir de símbolos como la Serrezuela, el agua, la Charca y la Huerta de origen árabe, la devoción por la Virgen de las Nieves desde época moderna o el éxodo migratorio de las últimas décadas.



Todo ello define lo que somos: un pueblo principalmente de agricultores, de trabajadores del campo, gente trabajadora y acogedora, un pueblo orgulloso que sabe que su mayor tesoro nace de las entrañas de la tierra, de la inteligencia de quienes supieron crear y mantener una forma de vida única.



La preservación de nuestras señas de identidad y de nuestro legado patrimonial es una prioridad que nos obliga a todos.



El pasado nos define como pueblo, pero el presente y el futuro es y será lo que nosotros queramos.



En este sentido, quiero reivindicar lo público, lo que nos hace iguales, especialmente la enseñanza pública, de calidad y gratuita.



Un auténtico ascensor social que hace posible que un hijo de un obrero, de un trabajador del campo, como el que os habla, haya alcanzado metas inimaginables y pueda presentarse aquí ante vosotros como pregonero de las fiestas de Pegalajar.



Cuidemos este pilar fundamental de nuestra sociedad. Cuidemos a los que lo hacen posible: maestros, maestras, profesores, profesoras y también a aquellos políticos que creen en lo público.



El futuro de nuestro pueblo pasa por una sociedad formada con los más altos estándares de calidad, capaz de afrontar con garantías de éxito los importantes retos a los que nuestra sociedad se enfrenta.



La prosperidad y el futuro de Pegalajar dependen de la educación de nuestros hijos e hijas.



Quiero que mis últimas palabras sean para los que ya no están entre nosotros.



Las fiestas también son momento para el recuerdo de amigos, familiares y vecinos que nos han guiado, que nos han acompañado y que nos han querido.



Un recuerdo muy especial a mi madre, Carmela, que nos dejó recientemente.



Pegalajeños, pegalajeñas, paisanos, paisanas:



Ya llegan los días grandes de nuestro pueblo. Aparquemos las preocupaciones.



Es tiempo de abrazar al que vuelve, de brindar con los que están y de recordar con una sonrisa a los que se fueron.



¡Pegalajeños, pegalajeñas, gritad conmigo!



¡VIVA LA VIRGEN DE LAS NIEVES!



¡VIVA PEGALAJAR! 🎉💜



Gonzalo Aranda Jimenez



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